Un mundo de incertidumbres

Nuestra Pluma

21 de marzo de 2021

​Lejanas quedaron las esperanzas de que la crisis del coronavirus nos saludara al finalizar el 2020 y se jubilara después de haber llevado adelante un trabajo implacablemente destructivo en varias tramas de la organización moderna de un planeta que agoniza en términos reales y simbólicos. Esa esperanza estuvo -de manera razonable- sustentada en la creación y comienzo de la producción de la vacuna allá por finales del año pasado.

Aquellos anuncios, junto con un notable repliegue del virus en su impacto, sin duda ayudaron a que hacia fin de año se dibujara media sonrisa mientras las copas brindaban y el acercamiento social, quizás algo desmesurado, tomaba lugar. Después de ese veranito (literal en esta parte del mundo) el 2021 no parecería tener la voluntad de ser color de rosas.

Es así como después de mucho tiempo, el jueves 18 de marzo el presidente argentino brindó una cadena nacional y confirmó la suposición que se desprendía de lo que fueron mostrando las tendencias durante semanas. “Si toda la sociedad se cuida vamos a lograr que el impacto de la segunda ola sea lo menos dañino posible”, afirmó Fernández y, al día siguiente, Carla Vizzotti confirmó que los casos están subiendo en todas las jurisdicciones y alertó: “Tenemos que prepararnos”; entonces la pregunta es ¿cómo?

Sin duda hay dos herramientas fundamentales: las medidas de prevención y la vacunación. ¿Es posible que Argentina vuelva a la asfixiante Fase 1? “Ahora sabemos mucho más que en ese entonces. No se va a volver a un confinamiento igual”, afirmó en La Nación+ el ministro de Economía Martín Guzmán, con un característico y muy particular ejercicio de firmeza.

La declaración de uno de los ministros con más solidez del gobierno podría llevar tranquilidad a los actores de la economía argentina, pero esto es una pandemia y, como dijimos, no hay muchas herramientas para aplacarla y le pega a todos los países, entonces ¿qué está pasando afuera?

En Europa la cosa está escalando y el continente atraviesa un nuevo arrebato del virus. Según informó la Agencia de Noticias EFE, Francia decidió una cuarentena en 16 departamentos, París incluida, a partir de la cual un tercio de la población del país verá limitado su tránsito, los comercios no esenciales quedarán cerrados y les ciudadanes deberán contar con una declaración jurada para justificar las salidas a la calle; que además no podrán ser a más de 10 kilómetros de sus domicilios, salvo que cumplan alguna actividad que lo amerite.

Inglaterra, donde además cuentan con una nueva variante del virus que tiene a todo el mundo con los ojos puestos en el país con mayor cantidad de enclaves coloniales en pleno siglo XXI, se encuentra desde enero bajo confinamiento casi total que, por lo menos, se sostendrá hasta el 16 de abril. El caso británico tiene un plus para analizar cómo se comporta la pandemia en su versión 2021: A esta altura, más del 35% de la población ya fue vacunada.

Algo parecido sucede en Chile, cuyo caudal simbólico más importante es el mismo que tiene un estudiante que cumple con todos sus deberes. El país trasandino aplicó la vacuna a más de 5 millones de personas. Sin embargo, el gobierno anunció el aislamiento de 24 comunas, lo que abarca a más de 7 millones de habitantes.

En el resto de los países vecinos la situación no es menos compleja (en este video de un minuto podés ver de qué estamos hablando: https://twitter.com/GameraTDF/status/1372988815304966153) y con este panorama es inevitable preguntarse qué pasa con la otra herramienta que nos da un poco de aire cuando pensamos en la pandemia: la vacuna.

¿Por qué hay países que más allá de contar con un altísimo porcentaje de población vacunada debe tomar medidas restrictivas? Porque para que la vacuna se configure como la salvación, necesitamos a nivel mundial aplicar una cantidad por la cual, junto con los anticuerpos desarrollados por aquellos que ya pasaron por la enfermedad, podamos alcanzar la inmunidad de rebaño. Para eso necesitamos adentro a un 60% de la población y, según datos de Our World in Data, el porcentaje de población mundial vacunada es de 1,25 %.

Al momento de escribir esta nota, según informa el Monitoreo Público de Vacunación, el gobierno argentino lleva aplicadas más de 3 millones cien mil dosis y el presidente, en su cadena nacional, expresó que si bien firmó contratos para adquirir más de 65 millones de dosis, llegaron 4 millones y que apenas 15 países recibieron hasta ahora más del 10% de las vacunas que compraron.

Con una producción a una escala mucho menor que la esperada, con problemas en la distribución y almacenaje, se hace difícil precisar cuándo podría tomar fluidez el reparto de vacunas a nivel mundial que, además, se ve atravesado por la principal característica del capitalismo: no es equitativo. En diálogo con BBC Mundo, Andrea Taylor, integrante del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke expresó que “los países de ingresos altos tienen el 16% de la población mundial, pero actualmente cuentan con el 60% de las dosis de vacunas que se han vendido” y se estima que en casi 70 países de bajos ingresos la expectativa de vacunar durante el 2021 es muy baja.

Finalmente, la llegada de la segunda ola parecería tener una certeza con la que no cuenta la velocidad de vacunación ni las medidas que podrían aplicarse. Lo posible, con este contexto, es especular con el comienzo de una nueva carrera contra el virus, que avanza.

Carrera que encuentra sus principales obstáculos en el propio impacto de la enfermedad, en la desnutrida economía nacional y el cansancio social; pero para la que el gobierno podría tener las ideas más claras que hace un año a la hora de usar y pulir las únicas herramientas que ya conocemos: la amplificación del sistema de salud (medida que resultó efectiva, a la luz de que el sistema argentino no sufrió de saturación), la implementación de medidas restrictivas (para las cuales no contamos con ninguna pista) y la vacunación (que tarda, pero llega).

Veremos qué pasa.

 

Gastón Lodos

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