Las aperturas de sesiones 2026 en Tierra del Fuego no fueron meros actos institucionales. Funcionaron como un posicionamiento colectivo frente al modelo económico de Javier Milei. Los discursos de Gustavo Melella, Walter Vuoto, Martín Perez y Daniel Harrington compartieron un denominador común: una crítica explícita al rumbo nacional. Más que balances de gestión o anuncios de obra pública, lo que predominó fue la necesidad de pararse frente a un adversario externo.
El calendario político también aportó su propia dramaturgia. Martín Perez abrió el período el 20 de febrero. Walter Vuoto habló el sábado por la mañana. Gustavo Melella lo hizo el domingo a primera hora. Daniel Harrington cerró el domingo por la tarde. Y esa misma noche, Javier Milei dio su discurso inaugural en el Congreso, en tono confrontativo y celebratorio del ajuste. Mientras en Buenos Aires se hablaba de “terminar con la malaria”, en Tierra del Fuego el eje era cómo amortiguar el impacto de ese mismo modelo.
La convergencia discursiva de los actores locales tiene un límite evidente. La unidad de criterio no nace de una síntesis política profunda sino de una reacción defensiva. Y ahí radica la sutileza del escenario: la armonía discursiva frente a Milei convive con tensiones internas que siguen intactas y, en algunos casos, más agudas.
La relación entre los principales referentes del peronismo fueguino continúa atravesada por distancias notorias. Desde 2023, Martín Perez y Walter Vuoto —los dos intendentes con mayor peso demográfico— mantienen un vínculo frío. El fallecimiento de Matías Rodríguez no solo tuvo impacto humano: también alteró equilibrios políticos y terminó de romper los vasos comunicantes que aún existían entre ambos espacios. Nada de eso desapareció en 2026.
Las gestualidades del fin de semana fueron elocuentes. En la apertura de Martín Perez se lo vio a Sebastián Iriarte, secretario de Gobierno de Ushuaia. En la de Vuoto estuvo Gastón Díaz, jefe de gabinete de Río Grande, quien incluso fue agradecido públicamente durante el discurso. Cuando se le preguntó si esas presencias implicaban algún acercamiento político, Díaz respondió que no existió ningún tipo de conversación entre referentes de Provincia Grande y otros partidos. Es decir: las fotos muestran una cosa; las declaraciones, otra.
Incluso Vuoto fue consultado sobre la posibilidad de unidad en un contexto difícil. Durante su discurso habló de la necesidad de juntar fuerzas. La más enfática en plantear la búsqueda de unidad dentro del campo nacional y popular fue Yessica Garay, jefa de gabinete de Ushuaia, quien dejó abierta la puerta a una articulación más amplia. El problema es que esa voluntad convive con distancias políticas reales que nadie termina de desactivar.
Aunque con menos electores, Tolhuin también juega. Harrington estuvo presente en la apertura de sesiones de Río Grande y en la de la Legislatura provincial (donde expuso Melella), pero no asistió a la de Ushuaia. Las ausencias y las presencias en estos actos dicen una banda.
Y en Tolhuin el escenario institucional no es sencillo. El Concejo Deliberante está atravesado por una ruptura con el intendente. Los concejales del PJ han manifestado públicamente que el diálogo está cortado. No es un dato menor: esos concejales responden al presidente del PJ provincial, Walter Vuoto, que mantiene distancia con Harrington.
Por eso el tono de Harrington en su apertura fue llamativamente conciliador. Hizo un mea culpa y pidió terminar con la confrontación. Con un Concejo adverso, la gobernabilidad requiere pragmatismo. El antecedente de Martín Perez, que tuvo que convivir con tensiones con el MPF en Río Grande hasta la actual presidencia de Guadalupe Zamora, es ejemplo cercano de lo que implica tener el cuerpo legislativo en contra.
El contexto nacional ordena los discursos, pero también los simplifica. Milei inauguró el año legislativo con una retórica ideológica sin matices: apertura económica, reducción del Estado, confrontación con sectores protegidos. Frente a eso, los cuatro dirigentes fueguinos se alinearon en la defensa de la industria y del empleo. El adversario externo operó como eje unificador, pero también como excusa para evitar otras discusiones.
Las coincidencias fueron claras en los cuatro discursos: caída de recursos, impacto del ajuste, preocupación por el empleo y defensa del subrégimen industrial. Los fragmentos de cada intervención muestran un diagnóstico compartido sobre el deterioro económico. Incluso Andrea Freites, presente en la apertura de Ushuaia, advirtió sobre una agenda legislativa nacional que se viene especialmente picante, con debates que pueden afectar directamente a la provincia.
En el caso de Gustavo Melella, la crítica a Nación fue directa y dura. Habló de “fracaso absoluto”, vinculó la caída de recursos a decisiones de la Casa Rosada y defendió el rol del Estado provincial. Pero, a diferencia de los intendentes, no hizo un racconto de gestión ni anuncios detallados de obra pública. Anticipó el envío de proyectos de ley a la Legislatura y pidió el acompañamiento para la adhesión al RIGI.
Ese punto es central. El pedido de adhesión provincial al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones generó ruido dentro del propio campo. Horacio Catena, titular del SUTEF —único gremio presente en la apertura provincial— le facturó públicamente esa decisión al gobernador. Además, advirtió que la oferta salarial no satisface a la docencia y que el conflicto educativo podría profundizarse si no hay mejora. Es decir, mientras se confronta con Nación, se abren frentes internos sensibles.
La discusión sobre el RIGI tampoco es lineal. El municipio de Ushuaia ya adhirió al régimen poco después de su aprobación en el Congreso. Legisladores como Matías Lapadula adelantaron que no acompañarán proyectos en los términos originales, pero sí podrían hacerlo con modificaciones. La secretaria de Industria, Alejandra Man, señaló que las inversiones que lleguen deben consolidar y ampliar la matriz industrial existente. El debate no es blanco o negro, pero la contradicción política está sobre la mesa.
Es ahí donde aparece una tensión no resuelta: mientras se confronta ideológicamente con el modelo libertario, se adoptan herramientas de promoción de inversiones y ajuste estatal que dialogan —aunque sea parcialmente— con la lógica de orden fiscal y apertura económica que impulsa Nación.
Ese giro evidencia algo más profundo: el pragmatismo como método de supervivencia política. El mismo Estado que antes se defendía con épica hoy se administra con lenguaje técnico. Lo que antes era bandera ahora es variable presupuestaria. La defensa del “Estado presente” convive con discursos de eficiencia, reestructuración y orden que hace algunos años hubieran sido denunciados como ajuste. Se borra con el codo lo que antes se defendía con ímpetu.
En Ushuaia, Vuoto sostuvo el discurso más ideológico. “Gobernar es proteger” sintetizó una concepción clara del Estado como escudo frente al mercado. Pero incluso allí, la narrativa estuvo centrada casi exclusivamente en Milei. La disputa de sentido —qué modelo de ciudad, qué prioridades fiscales, qué reformas institucionales— quedó subordinada al enfrentamiento nacional. La identidad política se definió por oposición más que por propuesta.
En Río Grande, Perez combinó la crítica al modelo nacional con cuestionamientos al Ejecutivo provincial por “desorden institucional” y “captura de recursos”. Esa doble dirección dejó expuesta la competencia por el liderazgo provincial. Sin embargo, tampoco avanzó en una discusión de fondo sobre cómo reformular la estructura productiva en un escenario de menor protección. La defensa del régimen industrial fue firme, pero el debate estratégico quedó abierto.
Tolhuin, por su parte, mostró el perfil más pragmático. Harrington habló de incertidumbre y empleo, priorizando la administración prudente. Evitó la confrontación directa y apostó a la gobernabilidad. En una ciudad más dependiente de transferencias, el margen de maniobra es menor. Pero esa prudencia también implica correrse del terreno ideológico y reducir el discurso a la gestión.
Algo que no fue mencionado en ninguno de los discursos, ni siquiera en el de Melella, fue la reforma constitucional, pese a que el gobierno provincial todavía tiene margen para convocarla. El tema, que meses atrás parecía central en la agenda política, desapareció completamente del escenario de las aperturas. El silencio también es una definición.
Las aperturas 2026 mostraron una dirigencia que entiende el riesgo externo. El modelo libertario funciona como catalizador y como pantalla. Los cuatro dirigentes, con matices, abandonaron por ahora la disputa de sentido interno. No discutieron modelo de provincia entre sí. No polemizaron reformas estructurales propias. Se posicionaron frente a Milei y dejaron todo lo demás en pausa.
La pregunta que me surge es cuánto tiempo puede sostenerse una identidad política construida solo en oposición, sin disputar sentido propio ni asumir las contradicciones del pragmatismo que hoy atraviesa a todos y a todas.
Luz Scarpati





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