“Lo peor ya pasó”. ¿Otra vez?

“Lo peor ya pasó”. ¿Otra vez?

Desde que Javier Milei asumió la Presidencia de la Argentina anunció una y otra vez que la recuperación estaba por comenzar. En un relevamiento de discursos, entrevistas y actos públicos aparecen al menos 25 intervenciones en las que habló del despegue de la economía, de que la etapa más dura había terminado o de un futuro mucho mejor para el país.

La primera fue, de hecho, el mismo día de su asunción.
Aquel 10 de diciembre de 2023, Milei habló en las escalinatas del Congreso frente a la plaza, rodeado de presidentes y dirigentes extranjeros. No escondió lo que venía, como no lo había hecho en campaña. Dijo que no había alternativa al ajuste ni al shock y advirtió que eso iba a impactar negativamente sobre la actividad económica, el empleo, los salarios y la cantidad de pobres e indigentes.

“La conclusión es que no hay alternativa al ajuste y no hay alternativa al shock, naturalmente eso repercutirá de modo negativo sobre el nivel de actividad, el empleo, los salarios reales, la cantidad de pobres e indigentes”.

Milei ratificó el feroz ajuste que había prometido en su campaña presidencial, y responsabilizó al gobierno anterior, enfatizando en que la administración de Alberto Fernández le había dejado “plantada” una “inflación anual de 15 mil por ciento”.

En ese mismo discurso apareció también la primera promesa de recuperación. Después del reacomodamiento macroeconómico, aseguró, la situación comenzaría a mejorar. Habría, en sus palabras, “luz al final del camino”.

Dos días más tarde, Luis “Toto”Caputo, ministro de Economía, comunicó el paquete inicial de diez medidas económicas en un mensaje grabado difundido cerca de las 19. Entre ellas anunció que el Gobierno iba a “sincerar el tipo de cambio oficial a $800”, cuando el dólar oficial mayorista venía de alrededor de $364. La nueva cotización comenzó a regir al día siguiente, 13 de diciembre.

Después de ese salto, el Gobierno estableció un crawling peg del 2% mensual, es decir, pequeñas devaluaciones programadas del tipo de cambio oficial cada mes. Este racconto es fundamental para contextualizar el informe del INDEC sobre la incidencia de la pobreza y la indigencia en Argentina.

Porque una devaluación semejante no queda encerrada en las pantallas de los bancos. Un dólar oficial más caro encarece productos importados, insumos utilizados por la industria y bienes locales cuyos precios están vinculados al mercado internacional. También cambia cuánto calcula una empresa que le va a costar reponer lo que vende.

Y todo eso ocurrió en una economía que ya llegaba muy golpeada: inflación altísima, pérdida del poder adquisitivo, reservas netas negativas y una dinámica en la que precios y contratos se actualizaban constantemente esperando la próxima suba.

El Fondo Monetario Internacional fue bastante explícito al analizar lo ocurrido. En enero de 2024 señaló que la inflación de diciembre, que había llegado al 25,5% en un solo mes, reflejaba “en gran medida” el salto devaluatorio, aunque también sostuvo que el ancla fiscal había ayudado a contener parte del traslado a precios. El mismo informe anticipaba un deterioro de la situación económica y social en el corto plazo.

Nada de esto significa que el problema haya comenzado el 10 de diciembre. La economía que recibió Milei ya venía mal. En el segundo semestre de 2023, el 41,7% de las personas relevadas por la Encuesta Permanente de Hogares estaba debajo de la línea de pobreza y el 11,9% era indigente.

Durante los últimos meses de aquella gestión también hubo una devaluación importante. El 14 de agosto de 2023, después de las PASO, el Banco Central llevó el dólar oficial a $350, un incremento del 21,8% respecto del día hábil anterior.

Sergio Massa era entonces ministro de Economía y, al mismo tiempo, candidato presidencial de Unión por la Patria. Aquella modificación cambiaria fue uno de los factores que profundizó la presión inflacionaria de los últimos meses de 2023, aumentando los niveles de pobreza medidos por ingresos, lo que explica -en buena medida- el deterioro social y mucho más el resultado electoral.

El 26 de septiembre de 2024, el INDEC publicó finalmente el informe de pobreza correspondiente al primer semestre de ese año. El número fue brutal: 52,9% de las personas eran pobres y 18,1% indigentes.

El 52,9% no fue el nivel de pobreza que Milei recibió el día que asumió. El último semestre de Alberto Fernández había terminado en 41,7%. El salto de 11,2 puntos porcentuales ocurrió durante los primeros seis meses del nuevo Gobierno de La Libertad Avanza. Esos meses estuvieron atravesados por la devaluación de diciembre, una inflación extraordinariamente alta, el incremento de tarifas, el ajuste fiscal y una fuerte recesión.

Eso tampoco significa que todo ese 52,9% pueda cargarse exclusivamente a la nueva administración de La Libertad Avanza: las condiciones económicas heredadas eran críticas y la inflación ya viajaba a velocidades muy altas antes del cambio de Gobierno. Pero tampoco es preciso presentar aquel 52,9% simplemente como un número heredado. Fue medido íntegramente durante los primeros seis meses de la gestión Milei.

De todas formas, la Libertad Avanza ganó el relato, con una imagen presidencial todavía alta y el recuerdo de un gobierno peronista ineficiente que había terminado su mandato con mayor pobreza que cuando había arrancado, ese número fue asignado a la pesada herencia. Y después la pobreza bajó. Y bajó mucho.

A partir de este encuadre narrativo, Javier Milei sostuvo en reiteradas oportunidades variaciones sobre el total de personas que su administración “sacó de la pobreza”. Las cifras oficiales muestran una clara tendencia a la baja: tras el pico inicial, la pobreza descendió al 38,1% en el segundo semestre de 2024 y continuó disminuyendo hasta alcanzar el 28,2% en la segunda mitad de 2025, marcando el nivel más bajo de su mandato hasta ese período.
Ahí empezó a crecer también la cantidad de argentinos que, según el Presidente, su gobierno había “sacado de la pobreza”. En marzo de 2025 habló de 10 millones de personas, comparando estimaciones mensuales que ubicaban la pobreza en torno al 56% con valores posteriores cercanos al 33%. En 2026 la cifra presidencial aumentó: en Nueva York afirmó que su gestión había sacado a “cerca de 15 millones de personas de la pobreza”.

No es magia estadística. Es elegir qué dos fotografías se comparan. La pobreza que mide el INDEC es, simplificando, una comparación entre los ingresos monetarios de cada hogar y el costo de la Canasta Básica Total que necesita ese hogar. Si la canasta sube más rápido que los ingresos, hogares que antes estaban por encima de la línea pueden pasar a quedar por debajo y en un país de alta inflación esas variaciones pueden cambiar mucho en poco tiempo.

La evolución de la actividad económica permite completar esa fotografía. El ajuste inicial produjo una recesión importante durante 2024: el Producto Interno Bruto terminó ese año con una caída del 1,3%. Sin embargo, desde el segundo trimestre comenzó una recuperación que se consolidó durante buena parte de 2025. Ese año el PBI creció 4,4%, según el INDEC. Es decir, existe un dato objetivo que respalda una parte del relato oficial: después del pozo de 2024 hubo efectivamente una recuperación económica. Pero hay que relativizarlo, porque ese incremento es contra un año muy malo.

Como sea, en 2025 el consumo privado aumentó 7,9% y la inversión 16,4%. Hubo una recuperación económica concreta después de la recesión inicial. Cuando Milei dijo el 12 de junio de 2024 que “la economía tocó un piso y empezó a salir” y agregó que “lo peor ya pasó”, estaba haciendo un pronóstico que luego encontró respaldo parcial en los datos.

En diciembre de ese mismo año, el mandatario fue todavía más lejos. Anunció que la recesión había terminado, afirmó que Argentina había “dejado atrás lo peor” y sostuvo que se venían “tiempos felices”.

El último Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC muestra que en julio la actividad cayó 1,4% respecto de julio de 2025 y nada menos que 2,9% contra junio, una vez eliminados los movimientos estacionales.

Hay que decir también la otra mitad del dato: entre enero y julio, la economía todavía acumula un crecimiento del 1,7% respecto del mismo período del año pasado. No estamos hablando, entonces, de una economía que volvió al pozo de 2024.

Pero, el problema no está repartido por igual. En julio solamente 7 de los 15 sectores que integran el EMAE crecieron frente al año anterior. Ocho cayeron. La pesca tuvo un salto extraordinario del 424,5% y el rubro “minas y canteras” creció 8,4%. Del otro lado, dos actividades mucho más ligadas a la economía cotidiana retrocedieron: el comercio cayó 5,1% y la industria manufacturera 4,6%.

Acá hay otro factor clave; esas actividades son las que más empleo generan y buena parte de lo que producen vuelve a circular por la economía a través de salarios. Otras actividades pueden generar enormes cantidades de dinero con muchos menos trabajadores. Si no existen mecanismos que distribuyan parte de esa riqueza, el crecimiento queda concentrado en muy pocas manos. El PBI puede mejorar sin que esa mejora alcance a una parte importante de la población.

Si buscamos una medida mucho más cercana al bolsillo, aparecen los supermercados. Las ventas medidas a precios constantes —es decir, sacándole del medio el efecto de la inflación— fueron 2,1% menores que en julio de 2025 y acumulan una caída del 2,7% entre enero y julio. Según datos oficiales, las personas compran menos que el año pasado.

En Tierra del Fuego AIAS, esa discusión adquiere características propias. La desaceleración de la inflación también llegó a la Patagonia: en agosto los precios aumentaron 1,8%, acumularon 19,6% durante 2026 y se ubicaron 31,6% por encima de un año atrás. Es una diferencia sustancial frente a los niveles inflacionarios con los que comenzó la gestión de Milei.

Pero la estabilización de los precios no significó que todos los indicadores sociales y productivos siguieran la misma dirección. Durante el primer semestre de 2026 la pobreza en Ushuaia y Río Grande aumentó del 22,6% al 25,9%: alrededor de 48 mil personas, prácticamente una de cada cuatro de las relevadas por el INDEC en ambas ciudades, no reunió ingresos suficientes para cubrir la Canasta Básica Total. El número permanece por debajo tanto del promedio patagónico, de 28,4%, como del nacional, de 32,3%, pero interrumpió la mejora que se había observado durante 2025. Es decir, la inflación siguió bajando, pero la pobreza volvió a subir.

No hay contradicción estadística. Que haya menos inflación significa que los precios aumentan más lentamente. No significa que los precios bajen ni garantiza que salarios, jubilaciones y demás ingresos alcancen para seguirles el ritmo.

Hay que sumar otro dato particularmente sensible para una provincia industrial; según el Boletín Estadístico Mensual del IPIEC, en julio la producción electrónica fueguina cayó 41,8% frente al mismo mes de 2025, mientras que el empleo del sector retrocedió 33%. La producción confeccionista cayó 60,7% y la textil 31,9%. Para que no me acusen de hacer cherry peaking hay que agregar que la producción plástica aumentó 6,2% y el empleo de esa actividad creció 1,9%.

Pero para Tierra del Fuego AIAS, que hizo de la industria electrónica una de las columnas de su estructura económica y laboral, una caída interanual de más del 40% en producción y de un tercio del empleo sectorial, representa una situación cuanto menos delicada.

Hay que mencionar que el programa económico nacional tampoco aterriza en la provincia por generación espontánea. Tiene dirigentes, bancas y representantes políticos locales que lo sostienen en la provincia.

Hoy La Libertad Avanza cuenta con los senadores nacionales Agustín Coto y Belén Monte de Oca -que acaban de votar la modificación de la ley de zonas frías, algo que va a impactar en tu boleta de gas-; los diputados nacionales Santiago Pauli y Miguel Rodríguez; los legisladores provinciales Natalia Gracianía y Luciano Selzer; y la concejala de Ushuaia Marjorette Saldías. Son parte de la estructura política fueguina que acompaña y defiende el proyecto de Javier Milei. La Libertad Avanza TDF.

Pero si la discusión es política y no solamente contable, la pregunta también alcanza a los dirigentes fueguinos que eligieron respaldar ese rumbo. Especialmente cuando Tierra del Fuego AIAS enfrenta una caída del empleo y la producción industrial, mientras la pobreza volvió a crecer.

No se trata de adjudicarles a todos la autoría de cada decisión tomada en Buenos Aires, sino de recordar algo bastante básico: que el proyecto de Milei también tiene representantes locales que lo defienden, lo explican y, cuando tienen una banca nacional, lo votan.

Hay un dato que no puede quedar afuera de ese recorrido: el 52,9% de pobreza desde dónde Milei construyó posteriormente buena parte de su relato de recuperación no fue el nivel que recibió en diciembre de 2023. La gestión anterior había terminado con 41,7%; el salto hasta 52,9% ocurrió durante los primeros seis meses del nuevo gobierno, después de la devaluación, la aceleración de los precios, el ajuste y la recesión.

Posteriormente la pobreza cayó, y cayó mucho: llegó al 28,2% a fines de 2025. Pero en el primer semestre de 2026 volvió a subir al 32,3%. A la vez, la industria retrocede, las ventas reales de los supermercados caen y la actividad muestra nuevas señales de debilidad. La inflación se desaceleró notablemente respecto del punto de partida, aunque todavía acumula 33,5% interanual a agosto.

Tras reiterar en múltiples ocasiones que lo peor había quedado atrás, la realidad demuestra que de nada sirve ordenar las cuentas macroeconómicas si ese equilibrio no se traduce en una mejora sostenida en la calidad de vida de la población.


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