Cómo impacta la victoria de Lula da Silva en la Argentina

Punto Panorámico

1 de noviembre de 2022

Con el foco puesto en recuperar una alianza más que estratégica, Alberto Fernández voló ayer a San Pablo para reunirse con el presidente electo de Brasil, Lula da Silva, menos de 24 horas después de la histórica y ajustada victoria electoral del Partido de los Trabajadores por sobre el ultraderechista Jair Bolsonaro, quien al cierre de esta edición continuaba sin reconocer la derrota, lo que alimenta la tensión de cara al traspaso de mando.

Lula da Silva asumirá el 1º de enero su tercera presidencia de Brasil y aunque han pasado apenas 12 años desde que abandonó el Palacio de Planalto y dejó el gobierno en manos de su sucesora política Dilma Rousseff, el complejo contexto local, regional y mundial tendrá un peso propio a lo largo de sus cuatro años de gestión.

Por un lado, la alianza con sectores de la derecha tradicional podría imponer límites en la gestión económica y en el Parlamento, donde el PT no tendrá la mayoría. Será clave mirar la relación con su vicepresidente, Gerardo Alckim, un neoliberal, dos veces gobernador de San Pablo, que en su momento fue aliado a Michel Temer, quien encabezó el impeachment contra Rousseff en 2016.

Fernando Henrique Cardoso, histórico enemigo político de Lula, también le expresó su respaldo en la campaña. Banqueros de derecha, empresarios y otros actores del “círculo rojo” también se plegaron a la búsqueda de consensos que tejió Lula desde que salió de la cárcel a finales de 2019, tras 19 meses de injusta prisión. La clave pasa por las áreas económicas, donde se barajan nombres como el del petista Fernando Hadad, excandidato a Presidente en 2018, cercano a Lula. También aparecen otros exministros de Lula, como Henrique Meirelles y Alexandre Padilha.

No los une el amor, sino el espanto

La gobernabilidad tampoco es un punto menor: Lula ganó, pero Bolsonaro obtuvo casi el 50 por ciento de los votos. Su liderazgo como dirigente opositor no es discutible, del mismo modo que no hay dudas respecto de sus métodos antidemocráticos y la escalada de violencia que registró Brasil en los últimos años, con dirigentes políticas asesinadas, como Marielle Franco.

Por otra parte, el líder del PT se impuso en los populosos estados del norte, pero perdió en todo el sur, por lo que tendrá el gran desafío de componer alianzas con los gobernadores bolsonaristas. Nada que no haya hecho en sus dos primeras presidencias. La gran duda es cómo lo hará, en un contexto de división extrema.

No se trata de una simple disputa política: la oposición a Lula lo define como un ladrón y corrupto, incluso a pesar de que todos y cada uno de los procesos judiciales se han caído, y que se demostró el armado de operaciones judiciales, políticas y mediáticas en su contra.

Lula, que reconstruyó su imagen tras pasar casi dos años preso y que en prisión enfrentó la muerte de su esposa y de su nietito, deberá apelar a un trabajo artesanal para lograr uno de los desafíos que marcó en su primer discurso como presidente electo: “A nadie le interesa vivir en un país dividido en permanente estado de guerra. Este país necesita paz y unión. Voy a gobernar para los 215 millones de brasileños, incluso para quienes no me votaron. No existen dos Brasil”.

La Patria Grande y el impacto en la Argentina

Para el contexto regional, la victoria de Lula da Silva es una bocanada de aire fresco para un continente convulsionado por los cambios de signo político que se registraron desde 2019. El armado del Frente de Todos en la Argentina con Alberto Fernández y Cristina Kirchner dio el puntapié inicial, aunque ahora todas las miradas estén posadas en el rumbo económico adverso y las batallas internas al frente de una coalición que, como tantas otras, sirvió para ganar una elección pero tuvo serias dificultades a la hora de gobernar, un dato que, obviamente, no ignora el propio Lula.

En la Argentina, el impacto de la victoria de Da Silva también causó un estruendo político. Con rapidez, Alberto y Cristina celebraron la victoria. En San Pablo estaba “Wado” de Pedro, ministro del Interior y a quienes muchos ya mencionan como eventual candidato – si no hay PASO – del FdT en 2023. Anécdotas del búnker petista: Lula posó con una gorra que decía “CFK 2023”, lo que alimenta las expectativas en el kirchnerismo. La semana pasada, Máximo Kirchner le dijo a Roberto Navarro en El Destape que creía que su madre no sería candidata.

En particular para la Argentina, por el vínculo cercano entre Lula, Cristina y Alberto, la victoria es un ingreso de aire fresco para una administración muy golpeada.

La oposición, fragmentada, también tuvo reacciones diversas: el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, precandidato a presidente de Juntos por el Cambio, destacó – con un frío mensaje – la victoria de Lula. Cristian Ritondo, que aspira a ser el próximo gobernador bonaerense, no dijo nada: la semana pasada había respaldado a Jair Bolsonaro.

Mauricio Macri, por su parte, emitió un tuit recién a las 23:11, cuatro horas más tarde de que se conociera el resultado a favor de Lula. Patricia Bullrich, presidenta del PRO – principal partido opositor, por caso – aún no dijo nada. En su entorno admiten que reconocer una victoria de Lula no le conviene para mostrarse como una dirigente que mantiene la dureza al nivel de Javier Milei, que por su parte tampoco felicitó a Lula, sino a Bolsonaro.

Curiosidades de la democracia (¿de baja intensidad?) argentina, atada, como siempre, al ritmo electoral y los focus group.

La diferencia al interior de Juntos por el Cambio la marcó el radicalismo: rápido de reflejos, el gobernador de Jujuy y presidente de la UCR, Gerardo Morales, felicitó a Lula y mandó un mensaje de unidad regional: “Anhelamos construir una región más fuerte y unida, que camine hacia el desarrollo y progreso de nuestros pueblos”. Martín Lousteau, que se anotó en la carrera electoral la semana pasada y no descartó romper JxC y que Morales compita como candidato a Presidente y él, a jefe de Gobierno, también apoyó a Lula: “Felicitaciones al Presidente y al pueblo de Brasil por la elección democrática”.

Este fin de semana se cumplieron 39 años desde el regreso de la democracia y el radicalismo organizó un acto en Buenos Aires donde no faltaron palos hacia el PRO. Liderar no es creernos que somos el mejor equipo de los últimos 50 años y luego fracasar”, disparó Morales, en alusión a Macri. Invitados en el salón escuchaban Rodríguez Larreta, Diego Santilli, Emilio Monzó y Rogelio Frigerio, entre otros dirigentes.

Misterios de la política: ¿Cómo conviven, en el mismo espacio, dirigentes que celebran una victoria democrática y otros incapaces, si quiera, de reconocerla?

La victoria de Lula: qué espera el Gobierno de Alberto Fernández

El gobierno argentino mira con especial atención los primeros pasos de Lula Presidente. Brasil y Argentina comparten una sociedad comercial clave a nivel regional, que con Bolsonaro en el poder no se rompió pero sí tuvo fricciones y tensiones.

En agosto, el comercio bilateral representó U$S 2.885 millones, un 36 % más que en 2021, según datos de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios. Y las ventas argentinas a Brasil aumentaron un 31,1 por ciento interanual. Más allá de alimentos, la industria automotriz y el trigo y centeno son esenciales en la ecuación de exportaciones.

Esperamos avanzar en un gran acuerdo binancional de integración profunda, financiera, energética, agroalimentaria, de infraestructura, ese es el objetivo del gobierno”, afirmó el embajador Daniel Scioli, tras la victoria de Lula.

 

Agustín Gulman

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