El Cordobazo, las marchas anti-cuarentenas y la marea verde

Nuestra Pluma

29 de mayo de 2021

Hoy se cumplen 52 años del Cordobazo. No todes saben bien de qué se trata, pero al nombrarlo, inmediatamente, soplan vientos de rebeldía. El pueblo quiere saber ¿Qué pasó en el Cordobazo?, ¿Qué queda de aquello?, ¿Hay un hilo conductor entre aquella gesta revolucionaria y las multitudes que hoy claman por la libertad anti-cuarentena, anti-barbijo, anti-casi-todo-lo-que-diga-Alberto? Entonces, justamente hoy, hablamos con Mónica Gordillo, historiadora especializada, no sólo en el Cordobazo, sino también en el estudio de la historia argentina reciente, con foco en les trabajadores y la acción colectiva.

Primero lo primero: ¿Qué fue el Cordobazo? El 29 de mayo de 1969, confluyeron en Córdoba procesos de larga data con otros más inmediatistas, que hicieron estallar una fuerte protesta obrero-estudiantil que, a su vez, pasó de movilización pacífica y organizada a insurrección urbana y rebelión popular espontánea. Ahora, como dijo Jack, vamos por parte.

Los procesos de larga data tenían que ver con que Córdoba en la última década se había configurado como un polo industrial, con mucha presencia del sector automotriz, que veía en las empresas extranjeras una clara muestra de la explotación imperialista. “La idea no sólo abstracta del imperialismo, sino también la sensación concreta de que las empresas se enriquecían y a los trabajadores les congelaban los salarios. Demostración práctica de cuál era el enemigo”, explica Mónica Gordillo.

Además, del ´55 en adelante, con el peronismo proscripto y los derechos laborales y sociales cercenados, los sindicatos empezaron a tener cada vez mayor importancia en la vida colectiva. En ese contexto, el paro activo y la movilización de les trabajadores empiezan a transformarse, de hecho, en herramientas efectivas para modificar una realidad que se percibía como injusta. “O sea -aclara la investigadora- había núcleos importantes de trabajadores como los de las industria automotriz que estaban muy entrenados en la movilización en pos de sus reclamos, en la acción reivindicativa, formaba parte de su práctica”.

En esta sensación de injusticia confluían tanto sectores peronistas como no peronistas: les radicales en la última década habían sufrido el derrocamiento de Frondizi e Illia, y les socialistas y comunistas veían como la situación de las masas estaba lejos de mejorar. Y la frutilla del postre: la intervención de las universidades generó un movimiento estudiantil que reclamaba democracia y libertad. Todo esto sin mencionar al contexto internacional que era un reguero de pólvora revolucionaria por doquier, con la Revolución Cubana y el Mayo Francés a la cabeza.

En este escenario se inserta el gobierno de Onganía que amenazaba con perpetuarse en el poder -como su ídolo Español, Francisco Franco-, favorecía a las empresas transnacionales, cortaba más y más libertades a las Universidades y no levantaba el congelamiento salarial ni la prohibición de las convenciones colectivas. Las dos CGTs se pusieron de acuerdo -Juan Carlos lo hizo- y decretaron un paro nacional para el 30 de mayo, al que las centrales cordobesas le agregaron un poco de pimienta: arrancaba en la provincia el día anterior.

Acá pasó algo notable. “Algunos dirigentes sindicales -señala Mónica- se dieron cuenta que a la dictadura de Onganía solamente se la podía derrotar formando un frente y una articulación de diversos actores sociales. Esa mirada de un objetivo común estaba presente en algunos sindicatos combativos, fundamentalmente en Agustín Tosco del sindicato Luz y Fuerza -que era de izquierda, pero no era antiperonista porque reconocía esa fuerte identidad en los trabajadores- y Elpidio Torres del SMATA -peronista de una línea más próxima al vandorismo, que tenía una gran capacidad de movilización de las bases que se sentían representadas por su combatividad reivindicativa-”. Estos, además de coordinar acciones, fueron capaces de concordar con sectores con los que históricamente habían confluido poco y nada, como el estudiantado universitario. Y así se conformó un gran frente común.

El 29 a la mañana, según lo planeado, salieron todes a la calle, marchando desde diferentes puntos hacia el centro de la ciudad, para concentrarse en la CGT. Pero algo se interpuso en su camino: balas. La represión policial fue brutal.; primero con balas de goma y gas lacrimógeno, después con plomo.
Ante esto, las columnas que marchaban pacífica y ordenadamente, se dispersaron inundando la ciudad. Así se dieron los dos fenómenos descriptos por la investigadora y su colega, Brennan. La protesta se transformó en una rebelión popular, porque la gente común que estaba en su casa, salió a defender a les manifestantes, armando barricadas, tratando de detener a la policía e, incluso, sumándose a la acción. Y también se multiplicó como una insurrección urbana porque en lugar de aglutinarse en el centro, se diseminó por muchos puntos de la ciudad.

En un momento la gente ganó la calle y la policía, desbordada, se replegó en la central. Allí ocurrieron actos de violencia contra símbolos de quienes identificaban como enemigos: el capital extranjero -a través de la destrucción de concesionarias de autos- y al poder dictatorial -atacando, por ejemplo, el Círculo de Suboficiales-. Pero eso no duró mucho. Esa misma tarde el Ejército irrumpió en la ciudad y luego de una tarde y gran parte de la noche con enfrentamientos que se nuclearon principalmente en el barrio estudiantil por excelencia, el Clínicas, la rebelión fue sofocada. Nunca se conoció el número real de personas detenidas, heridas y muertas. Un mal presagio.

Las consecuencias inmediatas fueron la renuncia del Gobernador de Córdoba -que había sido nombrado por Onganía- y el reestablecimiento de las convenciones colectivas. Pero, además, allí se inció un ciclo de protestas a nivel nacional, hicieron su aparición las primeras organizaciones guerrilleras y, para el primer aniversario del Cordobazo, Montoneros llevó a cabo su primera acción pública con el secuestro y asesinato de Aramburu, que provocaría la renuncia de Onganía.

¿Qué queda?

En este contexto pandémico, las derechas que se oponen al gobierno nacional aprovechan la ausencia de otros actores y se apropian de la calle. Las movilizaciones anti-cuarentena, anti-restricciones y con un neto tono de oposición política al presidente, han sido la norma y estos sectores han ido desplazando del espacio público a otros actores que previamente lo reclamaban para sí como, por ejemplo, los organismos de derechos humanos. Ante este panorama muches opinólogues, analistas e intelectuales han empezado a señalar que la derecha se estaría convirtiendo en EL actor revolucionario en la actualidad.

En primer lugar, es necesario resaltar que, si bien estos movimientos son los que mayor resonancia mediática tienen, no son los únicos. Pero además…

Mariela- ¿Son realmente un fenómeno nuevo en nuestras sociedades?

Mónica- Es una afirmación que habría que matizar. Por ejemplo al golpe del ‘55, que derrocó a Perón, suele interpretárselo como un golpe netamente militar. Sin embargo, hubo una importante movilización de radicales, socialistas que acompañaron el derrocamiento de un gobierno democrático, además de los sectores ligados al ejército y la iglesia que con la cruz en alto entraba a los sindicatos a destruir sus instalaciones y sus símbolos.

De todos modos, fuera de casos excepcionales como este, en general, efectivamente las derechas no han movilizado masas en nuestro país; porque han podido respaldarse en otros actores como la iglesia o los militares. Es decir que el hecho de que los sectores de derecha no hayan salido a la calle tiene que ver, quizás, menos con una incapacidad de movilización que con la falta de necesidad ante la posesión del poder real.

Mariela- ¿Puede decirse que son movilizaciones revolucionarias, como piensan algunos? ¿o, como señalan otros, esto podría ser un camino hacia la construcción de un fascismo?

Mónica- De nuevo creo que la respuesta no debe ser tan esquemática. Una revolución claramente no es, sostiene valores regresivos. La acción colectiva es un instrumento que puede tener un sentido democratizador, como fue el caso del Cordobazo, donde la gente se oponía a una dictadura y reclamaba por derechos colectivos que habían sido cercenados, o, por el contrario, puede tener un sentido desdemocratizador como el que se puede observar ahora.

Lo que está pasando en la calle con las derechas es un fenómeno que hay que atender, no hay que minimizarlo, pero no se si es una convocatoria de masas porque, aunque son muchos, si uno rasca un poco, sus demandas son diversas, ambiguas y vacías, en muchos casos. Hay muchos problemas culturales que han ido sedimentado, como el consumismo y el individualismo y son sectores muy difíciles de persuadir, porque se manejan desde el sentido común más básico, a lo que contribuyen los medios, y son muy rápidos para adherirse a slogans movilizadores pero sin asidero práctico ni histórico. Entonces no se cuántas posibilidades hay de articularlas como demanda social

Mariela- ¿Puede leerse este fenómeno como una falla de la democracia?

Mónica- Todo lo contrario. La acción colectiva no es irracional, si la gente sale masivamente a la calle es porque ve una posibilidad de expresión de sus reclamos y de cambio. Y eso es parte de la democracia, no hay que tenerle miedo a la movilización de la gente en la calle. Sí en contextos donde, en nombre de mis derechos individuales, afecto los derechos colectivos, por ejemplo a la salud o a la vida. Esto es lo que hacen las manifestaciones anticuarentena, sin vida no hay trabajo, educación, nada. En todo caso lo que hay que hacer es exponer las incoherencias, las ambigüedades. Eso está muy bueno, cuando los medios les ponen un micrófono y se exponen las incoherencias. Un micrófono, no un gas lacrimógeno o armas.

Y en ese sentido yo creo que el Cordobazo funciona como símbolo de que la gente en la calle puede cambiar las cosas, pero también como un fuerte testimonio de lo que la violencia estatal puede desencadenar, como ocurrió en la década siguiente, y también en 2001. Hoy ese es un aprendizaje colectivo que afortunadamente se sacó: la violencia solo genera más violencia.

Mariela- ¿Y queda algún legado más directo de aquellas épocas, algún reclamo en un sentido progresivo que reúna y convoque a las masas de alguna manera?

Mónica- Creo que la lucha feminista puede ser un claro ejemplo de cómo la gente puede salir a la calle con una intención democratizadora, de ampliación de derechos, desde una actitud pacífica. Hay una ampliación de los derechos, que intenta revertir el control patriarcal y religioso sobre las mujeres y las diversidades, y sobre sus cuerpos. Y además, la lucha de los movimientos de género se hace desde una perspectiva no violenta que no impone valores ni formas de vida a otros y eso es lo que dura.

 

Mariela López Cordero

 
 

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