El Fin del Mundo sin mujeres: Historia de las Paritaristas de Ushuaia

Punto Panorámico

20 de julio de 2020

El Fin del Mundo sin mujeres: Historia de las Paritaristas de Ushuaia

Punto Panorámico

Domingo 21 de junio 2015, se desarrollaban las elecciones municipales de la capital de Tierra del Fuego AIAS, Ushuaia; fin del mundo, principio de todo. Siete fuerzas políticas se disputaban la intendencia, mientras que 26 buscaban una banca en el Concejo Deliberante, cuerpo que tiene sólo 7 lugares para repartir.

Días después se conoció el resultado; Walter Vuoto del Frente Para la Victoria se quedó con la intendencia de Ushuaia con 22% de votos. El Concejo Deliberante fue ocupado por 4 fuerzas políticas; el Frente Para la Victoria obtuvo 2 bancas; el Movimiento Popular Fueguino también; el PRO 1; la Unión Cívica Radical devenido en FORJA 1; el Partido Social Patagónico (posteriormente ECOS) 1. Más tarde proclamaron a las autoridades electas. Ese día, en pleno siglo XXI, con absoluta normalidad, 7 hombres ocuparon la totalidad de las bancas.

Lo curioso es que desde 2002 rige, por Carta Orgánica municipal, la paridad de género en Ushuaia, lo que parecía ser una garantía de la participación femenina, adelantada a las discusiones sobre representación política que los movimientos feministas instalaron años después. Este articulado no se convirtió en un techo como fue el cupo de 30% en el Congreso Nacional, sino en una herramienta de expulsión para las ushuaienses. Es que en el sistema electoral plasmado en la carta magna municipal, hay un artículo -el 219- que consolidó el mecanismo para excluir a las mujeres de la representación en el Concejo Deliberante:

Artículo 219: “El resultado electoral, tras el escrutinio definitivo en las elecciones de Concejales y Convencionales Constituyentes, es patrimonio inalterable de la Comunidad. Los sistemas de ponderación de listas por parte del electorado, que pueden modificar el orden de las candidaturas, definen la conformación de los cuerpos. El requisito del artículo anterior no habilita discusión respecto a la integración final que resulte en los órganos deliberativos”.

El “requisito del artículo anterior” es juntamente la integración de las listas con paridad de género. Es curioso el origen del Artículo 219 ya que fue escrito, durante un cuarto intermedio, en una servilleta, tal cual se desprende de la versión taquigráfica, en la que quedó para el recuerdo la intervención del convencional Darío Urruty:

“Está escrito en un trozo de papel de envolver un sandwich que nos convidaron en el cuarto intermedio. Fue un texto muy preliminar que surgía de la voluntad de hacer una aclaración. De esa forma se presentó a los secretarios que tuvieron la gentileza de imprimir una copia para cada convencional, y que fue entregado al momento de sentarnos o posteriormente; quiero decir que no los estuve escondiendo, ni que lo pensó Urruty solo. Es una cosa muy, muy rápida que aún a mi me extrañó y que sin dudas, es un texto perfectible, porque es la expresión de una idea a la velocidad en que se piensa, no a la velocidad que se debe escribir. Por lo tanto es un escrito perfectible que se propone como enmienda, que sin dudas puede ser mejorado, que busca aclarar y dejar tranquilidad en este principio: “el cupo se aplica a la conformación de listas y no al resultado de una elección”. Y así quedó plasmada una paridad de género que en los hechos es una mera cuestión burocrática, con un sistema de listas desbloqueadas y la imposibilidad de garantizar la presencia femenina en las bancas, todo por una servilleta. Por cada paso de las mujeres en la conquista de sus derechos, hay un resorte que activa el patriarcado que busca resistir la distribución igualitaria del poder en disputa.

Durante los meses siguientes, surgía una duda, una pregunta, una sensación visceral que comenzaba a cuestionar esa conformación masculina. Un sentido de pertenencia, un nosotras que irrumpía en la esfera política y gritaba: “¿Dónde está ese nosotras?” la pregunta se fue transformando en murmullos, los murmullos en conversaciones y éstas trajeron las respuestas al ruido violento que provoca la ausencia. No hubo fraude en las elecciones de 2015 y sin embargo el resultado electoral era fraudulento para la representación efectiva de las mujeres.

Esas ideas llenaron el salón de reuniones del edificio de la Unión Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles, en junio de 2017, cuando un grupo de mujeres de los más diversos sectores se conformaron como un colectivo dispuesto a cuestionar la ingeniería electoral que las había dejado afuera. Representantes de organizaciones feministas, sindicales, periodistas, espacios partidarios, profesionales, docentes y abogadas, compartieron una serie encuentros, entre mates, bizcochos y, por supuesto, niñes jugando alrededor de la mesa. Porque así es la política para las mujeres, aunque en nuestros ámbitos -a diferencia de los tradicionales- es compatible.

Esa tarde de frío austral nacieron las Paritaristas y, con ellas, la certeza de una injusticia que quedó materializada en el aire del invierno fueguino para clavarse como una estalactita en las ambiciones políticas de cada una de las presentes.

¿Cómo es posible que no haya mujeres en el concejo, si el Artículo Nº 218 de la Carta Magna establece la paridad de género? Una de las que trajo claridad con una frase muy simple fue Laura López Entable, integrante de La Ría, una organización feminista: “La ingeniería electoral”.

La legislación ushuaiense prevé la utilización de “preferencias” para que cada elector pueda alterar el orden de las listas. La conjugación del sistema D’hont con esta herramienta dejó afuera a todas las mujeres de las listas de los 26 espacios que se presentaron en 2015 para ocupar el Concejo Deliberante.

De esos encuentros, y de un enorme trabajo de investigación, surgió un proyecto cuyo objetivo continúa siendo innovador en todo el país: garantizar la paridad efectiva en las bancas. El eje de la cuestión radica en la tensión que existe entre las preferencias y la paridad de género. El sistema electoral que rige en Ushuaia combina estas tres variables: proporcionalidad política (sistema D´Hont), paridad de género -cuyo peso era inexistente a la hora de distribuir las bancas- y las preferencias, que permite al electorado desbloquear las listas y elegir qué candidate se ubica primero.

En julio de 2017, ese movimiento de mujeres presentó un proyecto para modificar esta ingeniería legal y subsumir las preferencias a la paridad de género. Esa tarde, las Paritaristas se presentaron en el Concejo Deliberante y le dieron formal ingreso al proyecto que contó con el acompañamiento de más de 10 organizaciones políticas, sindicales y de la sociedad civil, frente a 7 concejales que hundían sus narices entre sus hojas, tal vez avergonzados de usufructuar los privilegios patriarcales con los que nacieron, o tal vez haciendo oídos sordos a los planteos de unas locas de mierda. La propuesta fue ingresada a través de un mecanismo conocido como “iniciativa popular” que impone al cuerpo de ediles un plazo de seis meses para que trate el proyecto. Ese día, las mujeres salieron (salimos) del closet. Nosotras también queremos participar en política. Y tenemos el derecho de hacerlo.

Sin embargo, la iniciativa durmió el resto de ese año en cajones sellados bajo cadenas machistas, mientras los concejales posaban con el cartel #NiUnaMenos en fotos que compartían en redes sociales y medios de comunicación. Una tarde casi llegando a diciembre, días antes de que se venciera el plazo de tratamiento, avisadas sobre la hora y sin notificación formal, ese proyecto fue ligeramente abordado en comisión. Los ediles pretendían emitir un dictamen para enviar ese, y otros proyectos vinculados con la paridad de género, a archivo. El movimiento de mujeres buscaba que continuaran en comisión para profundizar el debate, atento a que no se las había llamado ni una sola vez. Una a una, las integrantes de ese colectivo heterogéneo expusieron los argumentos para defender sus derechos. Sin embargo, salió el dictamen que cerraba el debate. Solo faltaba ratificarlo en sesión ordinaria.

Mientras todo esto ocurría, en Santa Fe rechazaban una lista de candidatas porque no había hombres en la misma. El peso que se le dio a una lista no tiene comparación con lo que pasó con toda la conformación de un cuerpo colegiado integrado exclusivamente por hombres. Las exigencias hacia las mujeres, pareciera, son bastante más fuertes.

En diciembre, alrededor de las 14 hs -con la presencia del Movimiento de Mujeres de Ushuaia en el recinto- la mayoría del Concejo Deliberante, con los votos de Silvio Bocchicchio (ECOS), Tomás Bertotto (PRO), Juan Manuel Romano (UCR) y Hugo Romero (FPV), rechazó el dictamen que determinaba el pase a archivo de la totalidad de los proyectos vinculados a la garantía de paridad. Y así, con aires de victoria las mujeres se retiraron del lugar, pensando en las estrategias de lucha para el año siguiente. Pero la política está plagada de prácticas traicioneras que buscan quebrar las espaldas de quienes las resisten. Una hora más tarde, con las Paritaristas ya fuera del recinto y sin que mediara explicación alguna, el presidente del Concejo Deliberante, Juan Carlos Pino, propuso una confusa reconsideración de los votos. Hugo Romero (quien había presentado el mismo proyecto que el movimiento de mujeres), sin explicar motivos, sin argumentación alguna, sin fundamentos explícitos, cambió de opinión, lo que generó que todas las iniciativas, incluso la del propio concejal, fueran enviadas a archivo. El 14 de diciembre de 2017, 7 hombres cerraron el debate sobre la paridad de género.

El argumento del cuerpo siempre fue que la paridad de género estaba garantizada, ya que “forma parte del plexo normativo de la Carta Orgánica municipal”, textuales palabras del presidente del concejo. O -en todo caso- había que eliminar las preferencias, hecho que sólo se puede realizar mediante enmienda o reforma de la Carta Orgánica, situación que insume recursos y mayores pasos burocráticos. Ese argumento fue repetido durante meses, con ausencia absoluta de mujeres. Es decir, 7 hombres integrando el Concejo Deliberante, diciendo que la paridad de género era un hecho.

Sin embargo, ese episodio es sólo un capítulo de la historia, porque una de las características de la lucha feminista es la insistencia. Entonces las mujeres de Ushuaia insistieron. Y Solange Verón, integrante de La Hoguera y abogada, estuvo a cargo de la representación legal de este colectivo, que decidió patear el tablero y recurrir a otro de los poderes del Estado, en busca de Justicia.

En febrero de 2018, las Paritaristas presentaron un recurso de amparo ante el Poder Judicial por las arbitrariedades que había cometido el Concejo Deliberante, por la ausencia de debate, sabiendo que en 2019 habría elecciones y se podía repetir una conformación del cuerpo en el que las mujeres quedaran afuera. En mayo llegó la respuesta del Juzgado Electoral de la provincia, a cargo del Dr. Isidoro Aramburu, con un fallo contundente que dejó a todo el arco político fueguino tecleando, mientras el movimiento de mujeres festejaba el primer reconocimiento institucional, después de meses de haber sido ignoradas.

En el documento judicial, el magistrado declaró nulo el dictamen del cuerpo colegiado local, que había enviado todas las iniciativas vinculadas con paridad de género a archivo y encomendó a los ediles a que trabajaran en un proyecto para garantizar la presencia femenina en el Concejo Deliberante.

El juez Aramburu arrojó una serie de consideraciones a lo largo del texto que discuten el funcionamiento del Poder Judicial fueguino, frente a la premisa “las cuestiones de la política no son judiciables”. El fallo contradice esa idea: no es factible “un Poder Judicial mojigato, o temeroso de involucrarse” en pleno Estado democrático y ubica a la Justicia en un lugar de garante de derechos frente a prácticas abusivas y arbitrarias de organismos que desoyen a la ciudadanía. Con el Concejo Deliberante en orsai, las ushuaienses en mayo de ese 2018 celebraron su primera victoria y su voz, sus reclamos y sus argumentos se vieron legitimados por una sociedad que las había tildado de locas y por una serie de dirigentes políticos que las había llamado brujas.

Increíblemente, el Concejo Deliberante decidió apelar esa sentencia, en vez de abrir un debate que hubiera sido histórico, sobre la paridad de género en ese ámbito y zanjar una deuda que todavía tiene la democracia con las mujeres de Ushuaia. En septiembre de 2018, los jueces de la Sala Civil de la Cámara de Apelaciones revocaron la sentencia de primera instancia, en un fallo dividido. Los magistrados Francisco de la Torre y Josefa Martín, consideraron que la paridad de género estaba garantizada desde el momento en el que se encuentra vigente en la Carta Orgánica municipal y que la voluntad del votante es lo que debe primar en las elecciones. La Dra. Martín argumentó “no debemos soslayar que el titular de la prerrogativa para permitir el acceso a los cargos electivos, es el sufragante”. “No vamos a renunciar a la paridad”, fue todo lo que dijo este grupo de pandoras cuando se anoticiaron de la sentencia.

Y otra vez, insistieron.

El movimiento de mujeres apeló el fallo de la Cámara, entonces la pelota quedó en manos del Superior Tribunal de Justicia. Y la discusión en vez de darse en un ámbito natural de debate político, como es el Concejo Deliberante, con un tiempo considerable para garantizar un intercambio de ideas que profundicen el sistema democrático del fin del mundo, ya que el primer proyecto fue presentado en junio de 2017, lo resolvió el Poder Judicial, a las patadas, 10 días antes de los comicios de 2019.

El día que salió la sentencia, las Paritaristas atiborradas en la pequeña mesa de entrada del Superior Tribunal de Justicia, leían el fallo final que definiría los destinos de la representación política de las mujeres, por lo menos de las próximas elecciones. Fue un día clave en la lucha feminista de la capital fueguina:”Es favorable”, determinó Solange Verón, en medio de dudas, preguntas, gritos, silencios y algunas lágrimas. Abrazos y suspiros inundaron la escena. Hermanas de lucha caminaban por el centro turístico de Ushuaia tratando de interpretar un fallo recién salido del horno.

El Superior Tribunal de Justicia dijo, básicamente, que paridad mata preferencias. Es decir que los hombres más preferidos mueven a los otros hombres en las listas de cada partido y lo mismo con las mujeres. Así lo señala el documento judicial: “Si un varón de una lista es preferido de acuerdo al porcentaje establecido en la norma vigente que reglamenta dicho sistema -el que como se señalara puede ser modificado-, solamente modificará el orden impreso en la lista desplazando a otro varón”.

La decisión del máximo organismo judicial de la provincia nunca garantizó, con esa nueva interpretación, la paridad de género efectiva en las bancas. A luz están los resultados electorales de 2019 en la que ingresaron al cuerpo dos mujeres. De todas formas, constituyó un gol para las Paritaristas y una victoria para las ushuaienses, porque el planteo que sostienen desde 2017 quedó legitimado y conforma -hasta hoy- una discusión pendiente, que pueden resolver los próximos concejales. Las Paritaristas, con toda probabilidad, serán protagonistas de ese debate.

El juego electoral tiene reglas que lo ordenan y que buscan los mejores mecanismos para interpretar ese voto popular, para garantizar una democracia profunda, esa con la que se come, se educa y se cura. Esa democracia que contempla a las minorías y a los grupos segregados. Hay quienes pretenden discutir si existe justicia, cuando los Estados avanzan en normativas de acción positiva y se utilizan palabras como “imposición” o “arbitrariedad”, incluso “idoneidad”. Sin embargo, para esas palabras hay respuesta. ¿Qué define que el peso esté en las preferencias y no en la paridad? Solamente los consensos sociales. ¿Qué significa la idoneidad? Si el requisito para ocupar una banca es ser votado, y más aún ¿Por qué ese término no surge cuando se habla de hombres?

En Latinoamérica, los partidos políticos aplicaron a lo largo de su historia las leyes de cuotas, que los obligan a incorporar un porcentaje de candidatas en las listas electorales, sin embargo es evidente el sentido minimalista y burocrático que se le da a estas normas de acción positiva, (como es el caso de Ushuaia), ya que lo que se observa es que adaptan la lista al número que necesita para su oficialización.

A través de las elecciones de 2019, llegaron dos mujeres de dos espacios políticos distintos al Concejo Deliberante de Ushuaia. Con esto se rompió la exclusividad masculina en ese organismo, lo que se configura como un ligero avance en un contexto de gravedad institucional enorme luego de 4 años de ausencia absoluta. De todas formas, 2 de 7 no es paridad de género, ni de cerca.

Vale decir que no hizo falta aplicar la reglamentación establecida por el Superior Tribunal de Justicia de Tierra del Fuego AIAS para que las candidatas ocupen esos lugares, porque ambas fueron las segundas más preferidas de sus listas. Esto es lo que constituye la verdadera victoria del movimiento de mujeres.

Porque aquellas y aquellos que resultan electos lo hacen por un entramado de subjetividades que confluyen en el cuarto oscuro y hacen a la construcción de cada voto. Quienes resultan electos, entre varios factores, llegan también porque hay una estructura partidaria que banca, respalda y milita esa candidatura en función de interpretar los contextos sociales. De ninguna manera esto desmerece a los que logran acceder a una banca. Por el contrario, pondera su capacidad para interpretar los nuevos paradigmas sociales y culturales que atraviesan a la ciudadanía en contextos históricos que fluctúan.

Es por eso que la verdadera victoria de las Paritaristas, más allá de los fallos, las idas y vueltas, la sentencias y las chicanas mediáticas, fue haber calado hondo en la sociedad con el debate sobre la paridad. Ningún hombre quería sentarse en un cuerpo colegiado en el que no hubieran mujeres. Porque un Concejo Deliberante con exclusividad masculina, ya no es tolerable para les ushuaienses. Y eso obligó a los espacios políticos partidarios a buscar a las mujeres, para que integren sus listas, pero también a respaldarlas con el mismo ímpetu y los mismos recursos que a los hombres.

El desafío, hacia adelante, es que esos consensos alcanzados en el seno de la sociedad de Ushuaia, sean interpretados por el cuerpo deliberativo y se traduzcan en normas que regulen el sistema electoral de la capital fueguina y garanticen una repartición de bancas igualitaria entre hombre y mujeres.

Porque, a fin de cuentas, de eso se trata la Democracia.

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