El subrégimen industrial y su relación con Malvinas

Punto Panorámico

10 de diciembre de 2019

El subrégimen industrial y su relación con Malvinas

La provincia llega al 2020 con una discusión pendiente vinculada a su actividad productiva. La “defensa irrestricta de la ley 19640” forma parte del discurso de todo el arco político fueguino, pero pocos profundizan en el tema. La discusión pendiente se vuelve urgente cuando se recuerda la fecha de vencimiento del subrégimen industrial: 2023.

 

Tierra del Fuego AIAS está en permanente tensión con los diferentes gobiernos nacionales por el sostenimiento del subrégimen basado en la Ley Nacional 19.640. Si bien 4 meses atrás Alberto Fernández firmó un acta de intención con Gustavo Melella para prorrogarlo, se encendieron las alarmas cuando se conocieron las consideraciones vertidas por Matías Kulfas -integrante del equipo económico del Frente de Todos y nuevo ministro de Desarrollo Productivo de la Nación- sobre el sistema productivo provincial: “Los que leyeron mis libros saben que no soy muy afecto al régimen de Tierra del Fuego. Como estrategia de política industrial no ha funcionado. Sí ha servido como política de radicación y como política territorial de empleo. Lo que hay que hacer es mensurar cuál es el tamaño ideal de ese régimen, a mí me parece que el futuro de Tierra del Fuego es con un régimen más acotado y con proyectos que tengan más capacidad genuina real de crecer como la energía, la petroquímica y la pesca”, subrayó en el seminario “País Federal” en la Universidad del Salvador (USAL).

 

La mayoría de los cuestionamientos se basan en la cantidad de divisas que insume la industria fueguina y lo poco que aporta la provincia a las exportaciones nacionales. Las 30 empresas fueguinas de electrónica realizaron importaciones en 2016 por 2.680 millones de dólares, explicadas principalmente por los componentes, partes y piezas que compraron en el exterior. Esto representa el 5% del total de importaciones nacionales. Mientras que la incidencia de las ventas al exterior fueguinas apenas llegan al 0,5% del país. Hoy, los dólares son fundamentales para la economía Argentina y Alberto Fernández se encargó de decirlo en su discurso de asunción: “Necesitamos aliviar la carga de la deuda para poder cambiar la realidad. Debemos volver a desarrollar una economía productiva que nos permita exportar y así generar capacidad de pago. Quiero que todos comprendamos que el gobierno que acaba de terminar su mandato ha dejado al país en una situación de virtual default”.

 

Pero no todo está perdido para la industria fueguina y eso se desprende de los mismos argumentos de Kulfas cuando dice que el subrégimen industrial “ha servido como política de radicación y como política territorial de empleo” y del propio discurso de Alberto Fernández al reafirmar el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas y al darle a Tierra del Fuego AIAS un rol protagónico en la diagramación de una futura política de Estado en el marco de un consejo en la órbita presidencial.

 

Es que no es posible sostener el reclamo por las Islas sin Tierra del Fuego AIAS; y Tierra del Fuego AIAS no es posible sin subrégimen industrial. Esto encuentra asidero en la misma historia Argentina: En los momentos en los que la industria fueguina fue más horadada, la política diplomática en relación con Malvinas fue más laxa. Basta revisar la década de los ´90 y recordar los 600 libros -uno por familia- con cuentos infantiles del osito Winnie the Pooh que el canciller Guido Di Tella envió a los kelpers, como parte de una política de seducción hacia los isleños, similar estrategia aplicada por el canciller del gobierno de Cambiemos, Jorge Faurie y fuertemente cuestionada por diplomáticos como Jorge Argüello, secretario de Representación Oficial fueguino por la cuestión Malvinas, durante la gestión Bertone. Igual que durante la era macrista, en los ´90 la política industrial se desdibujaba con la apertura indiscriminada de las importaciones, la retracción del consumo y la timba financiera.

 

Otro elemento que juega a la hora de pensar en el sostenimiento a largo plazo de la industria fueguina tiene que ver con la política hacia el continente blanco, ya que Ushuaia tiene un rol clave como puerta de entrada a la Antártida. El discurso de Alberto Fernández también fue claro en ese sentido, destacando la presencia argentina ininterrumpida y sus recursos naturales: “Defenderemos nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, la plataforma continental, la Antártida Argentina y los recursos naturales que estas extensiones poseen porque pertenecen a todos los argentinos”.

 

Eliminar el subrégimen industrial deriva en la derogación simbólica de los límites geográficos de toda la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico sur y, por ende, en la expulsión de las Malvinas y de la Antártida del territorio argentino. Es por eso, que la prórroga del subrégimen industrial encuentra su argumentación en la soberanía, más que en los números. Sin embargo, el fortalecimiento de la provincia y fundamentalmente de su economía es una materia pendiente que tiene eje en la ampliación de la matriz productiva.

 

Luz Scarpati

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