El dato es apabullante: sin elegir primeras marcas ni prendas importadas, para comprar un jean, una remera y un sweater se necesitarían por lo menos 20 mil pesos. Los datos, a los que se llega en una simple recorrida por cualquier centro comercial o vidriera virtual, grafican una preocupación que además quedó reflejada en la inflación del rubro Indumentaria en abril, que marcó una suba promedio del 12,5 por ciento.
La ropa acumula una suba del 73,4 por ciento en los últimos 12 meses, muy por encima del promedio general del 58 por ciento e incluso por momentos hasta arriba de los incrementos de alimentos, uno de los aspectos más sensibles para la economía de 2022.
La preocupación por la suba desmedida, que derivó en que el mismo pantalón que hace un año costaba $5.000 hoy trepe por encima de los $12.000, fue reconocida por el presidente Alberto Fernández días atrás, cuando apuntó contra el “desmadre” de precios entre los fabricantes y vendedores. Incluso, recordó que su gobierno implementó políticas de cuidado hacia el sector, que incluyen un freno a las importaciones de un mercado como el de China. “Los protejo y los precios no paran de subir”, se indignó hace unas semanas el mandatario.
Un informe de la Bolsa de Comercio de la provincia de Córdoba precisa que en la Argentina se paga hasta un 59 por ciento más que en países como Brasil y México. Entre los fabricantes hubo malestar por los dichos del Presidente. Desde Pro Tejer, que agrupa a empresarios textiles, advirtieron que no se trata de precios caros, sino de “sueldos bajos”.
En marzo, un informe de Pro Tejer advertía por el incremento histórico de los precios de fibras textiles en comparación con marzo de 2020, previo a la pandemia. El algodón trepó un 108 por ciento; el nylon, un 41; y el poliéster, un 45.
Por qué aumenta el precio de la ropa
Lejos está de tratarse de un problema nuevo en la Argentina. Incluso durante el Gobierno de Mauricio Macri, a pesar del derrumbe del consumo, el cierre de fábricas y el show de persianas bajas en centros comerciales la ropa aumentaba sin freno. Entre 2018 y 2019 los incrementos fueron cercanos al 56 por ciento.
En el Gobierno hay quejas porque advierten que el sector busca estirar los márgenes de recuperación tras por lo menos cinco años de crisis: a la caída del consumo durante la gestión de Cambiemos se le sumó el derrumbe por la pandemia. ¿Quién compraría un traje si tiene que quedarse en cuarentena en su hogar? Además, se trata de un sector con una alta tasa de informalidad laboral.
La preocupación en el Gobierno era tal que meses atrás impulsaron una suerte de Precios Cuidados para Indumentaria, de cumplimiento parcial a escaso: “Acción Moda” incluye 2.000 comercios y 70 marcas.
En paralelo, el contexto internacional tampoco colabora: así como la guerra entre Rusia y Ucrania derivó en una fuerte suba del precio de los alimentos y provocó una alza de la inflación en todo el mundo, algo similar ocurrió con otras materias primas como el algodón, el poliéster o el nylon.
Del probador a Twitter
La situación, finalmente, podría ser graficada con un tweet que se viralizó hace unas semanas y que le calza justo al caótico momento que atraviesa la Argentina, con una distorsión de precios, salarios y consumo por las nubes como nunca antes vista en la historia reciente: “¿Alguien me explica cómo un alquiler, un tapado y un par de zapatillas cuesta lo mismo?”.
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